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19 de junio de 2022
GUIJUELO
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de EL CAPEA y CARMEN LORENZO
 
El Niño de la Capea
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Pedro El Capea
 
El mejor homenaje posible
 

Mejor que todo lo soñado para un día de ensueño. Superadas todas las expectativas para una jornada inolvidable e irrepetible. Más que todo lo más que se pudo desear antes de que el día llegara. El día en que el Maestro Capea, el Niñoeterno, celebró medio siglo de doctor en Tauromaquia, que es como decir de sabio de la vida. Desde que se abrió el portón de cuadrillas y apareció, solo, en el ruedo de Guijuelo. La ovación atronadora, la plaza en pie, la gratitud y la emoción, el reconocimiento y la admiración que fue entera para él porque para él era. Por eso se quedaron por detrás Miguel Ángel y Pedro, su yerno y su hijo. ¿Qué torero pudo hacer posible alguna vez festejar sus cincuenta años de alternativa compartiendo paseíllo con su hijo y con su yerno? La vida ha sido justa con el Maestro porque el Niño de la Capea siempre fue generoso con la vida. Por eso se le quiere tanto. Por eso la plaza llena, tantos amigos venidos de Salamanca -de casa- y también de tantos lugares tan lejos y tan cerca como México, la patria grande donde don Pedromanda. Tantos seguidores, tantos medios. Como el Maestro merecía.

 

No paró de recoger cariño en toda la tarde, como no dejó de regalar toreo del bueno, del suyo, del de siempre. Esa seda en sus manos, en esa naturalidad tan desnuda, esas muñecas cristalinas, esa cintura cimbreándose como si fuera aquella primera tarde en Bilbao de hace ahora medio siglo. El tiempo detenido y el temple retenido en uno de los estandartes de un tiempo de oro, de una generación grandiosa en la historia del toreo. Concepto de otro tiempo el suyo, maneras de la época que vive en él, que forma parte de él. Todo fue mejor que todo lo soñado. Hasta el rabo que le cortó a su primero y la faena para guardar al cuarto, Capea puro. Tres orejas y ese rabo luciendo en sus manos, en sus brazos abiertos para abrazar y recoger tanto. Tanto como suyo es, tanto como le corresponde, tanto como se merece, tanto como se ha ganado a base de ser tan buen torero y tan gran persona…

 

Toda la tarde fue un homenaje para él. Desde luego, también las dos faenas de Miguel Ángel Perera, que cumplía un sueño porque quien estaba al lado no era solo su suegro, el padre de su mujer y el abuelo de su hija Carmen, sino el Niño de la Capea: el espejo, el faro, el referente, la inspiración. Y toreó con mimo la noble y templada condición de su primer toro, al que le prolongó las embestidas caricia a caricia, como quien esculpe la madera sin prisas y convencido de la magia que hay debajo. Otro registro ante el quinto, el de los espacios que vuelan por los aires de tanta imposición y dominio. Le hizo diabluras Perera al ejemplar de El Capea. Se lo enroscó al cuerpo haciendo de su cuerpo una piedra más de los pilares de Guijuelo. Pétreo, arrebatado y arrebatador. Soberbio. Cortó cuatro orejas, pero, sobre todo, fue muy muy feliz en nombre de su familia y de un torero grandioso: Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea.

Plaza de Toros de GUIJUELO. Lleno. Se lidian toros de EL CAPEA y CARMEN LORENZO
 
El Niño de la Capea: dos orejas y rabo y oreja
Miguel Ángel Perera: dos orejas y dos orejas
Daniel Luque: dos orejas y dos orejas
 
 
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19 de junio de 2022
GUIJUELO
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de EL CAPEA y CARMEN LORENZO
 
El Niño de la Capea
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Pedro El Capea
 
El mejor homenaje posible
 

Mejor que todo lo soñado para un día de ensueño. Superadas todas las expectativas para una jornada inolvidable e irrepetible. Más que todo lo más que se pudo desear antes de que el día llegara. El día en que el Maestro Capea, el Niñoeterno, celebró medio siglo de doctor en Tauromaquia, que es como decir de sabio de la vida. Desde que se abrió el portón de cuadrillas y apareció, solo, en el ruedo de Guijuelo. La ovación atronadora, la plaza en pie, la gratitud y la emoción, el reconocimiento y la admiración que fue entera para él porque para él era. Por eso se quedaron por detrás Miguel Ángel y Pedro, su yerno y su hijo. ¿Qué torero pudo hacer posible alguna vez festejar sus cincuenta años de alternativa compartiendo paseíllo con su hijo y con su yerno? La vida ha sido justa con el Maestro porque el Niño de la Capea siempre fue generoso con la vida. Por eso se le quiere tanto. Por eso la plaza llena, tantos amigos venidos de Salamanca -de casa- y también de tantos lugares tan lejos y tan cerca como México, la patria grande donde don Pedromanda. Tantos seguidores, tantos medios. Como el Maestro merecía.

 

No paró de recoger cariño en toda la tarde, como no dejó de regalar toreo del bueno, del suyo, del de siempre. Esa seda en sus manos, en esa naturalidad tan desnuda, esas muñecas cristalinas, esa cintura cimbreándose como si fuera aquella primera tarde en Bilbao de hace ahora medio siglo. El tiempo detenido y el temple retenido en uno de los estandartes de un tiempo de oro, de una generación grandiosa en la historia del toreo. Concepto de otro tiempo el suyo, maneras de la época que vive en él, que forma parte de él. Todo fue mejor que todo lo soñado. Hasta el rabo que le cortó a su primero y la faena para guardar al cuarto, Capea puro. Tres orejas y ese rabo luciendo en sus manos, en sus brazos abiertos para abrazar y recoger tanto. Tanto como suyo es, tanto como le corresponde, tanto como se merece, tanto como se ha ganado a base de ser tan buen torero y tan gran persona…

 

Toda la tarde fue un homenaje para él. Desde luego, también las dos faenas de Miguel Ángel Perera, que cumplía un sueño porque quien estaba al lado no era solo su suegro, el padre de su mujer y el abuelo de su hija Carmen, sino el Niño de la Capea: el espejo, el faro, el referente, la inspiración. Y toreó con mimo la noble y templada condición de su primer toro, al que le prolongó las embestidas caricia a caricia, como quien esculpe la madera sin prisas y convencido de la magia que hay debajo. Otro registro ante el quinto, el de los espacios que vuelan por los aires de tanta imposición y dominio. Le hizo diabluras Perera al ejemplar de El Capea. Se lo enroscó al cuerpo haciendo de su cuerpo una piedra más de los pilares de Guijuelo. Pétreo, arrebatado y arrebatador. Soberbio. Cortó cuatro orejas, pero, sobre todo, fue muy muy feliz en nombre de su familia y de un torero grandioso: Pedro Gutiérrez Moya Niño de la Capea.

Plaza de Toros de GUIJUELO. Lleno. Se lidian toros de EL CAPEA y CARMEN LORENZO
 
El Niño de la Capea: dos orejas y rabo y oreja
Miguel Ángel Perera: dos orejas y dos orejas
Daniel Luque: dos orejas y dos orejas
 
 
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