20191206 latacunga02
6 de diciembre de 2019
LATACUNGA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
TRIANA
Enrique Ponce
El Fandi
MIGUEL ÁNGEL PERERA
 
UNA TARDE SUBLIME
 

Llegar y quedarse para siempre. Latacunga le esperaba y él le correspondió ofreciendo su mejor dimensión como rúbrica de uno de sus mejores años. Porque hoy era la última corrida de toros de Miguel Ángel en 2019, una temporada plagada de obras importantes. Entre ellas se pueden contar las dos faenas de esta tarde de su regreso a Ecuador. Sublimes ambas. Rebosantes de tantas cosas, de lo mejor. De despaciosidad, de naturalidad, de regusto, de inspiración, de plenitud, de capacidad. La primera no mereció que la espada la empañara. La segunda concluyó en el cenit que es siempre el indulto de un toro. Osito de nombre. Con el número 470 y de la ganadería Triana. Un toro noble y con calidad que Perera sublimó desde el primer encuentro con el capote. El toro se empleaba con sinceridad y alegría y Miguel Ángel lo vio enseguida. Y como tantas veces, le hizo las cosas muy a su favor, lo que Osito agradeció. El temple fue siempre la condición sine quanon, lo innegociable. Muleteó el extremeño a su oponente con pulso extremo, en línea recta primero, sin bajarle demasiado la mano, afianzándolo. Y poco a poco, con el mismo tacto que hasta entonces, le fue exigiendo más, entendida esa exigencia en el ritmo casi congelado de cada pase, en su longitud, en el metraje de tandas que iban a más y a las que el ejemplar de Triana respondía sin levantar la cara de su entrega total. Porque el toro regresaba a los vuelos de la muleta buscándolos tan por abajo como se iba de ellos al final de cada encuentro. Conforme más avanzaba la obra, más despacio toreaba Perera. Y más natural. Y más abandonado. Y más pleno. Y más redondo. No tardó en prender la llama de la petición del indulto y, claro, que Miguel Ángel lo cuajara así no hizo más que echar gasolina al fuego de la pasión. El perdón llegó entre el clamor del público y la evidente satisfacción del torero, quien en muchos momentos toreó para sí mismo.

 

Dicho queda que su dimensión ante el primero de su par fue también extraordinaria. Ligada hasta el extremo. Compacta y fluida. Tuvo armonía y aroma. Tuvo prestancia y belleza. La importancia de lo diferente. De igual forma, lo fue macerando el extremeño desde el capote y lo terminó cuajando rotundo por los dos pitones. Lástima de la espada. Otra vez. Cuántos triunfos grandes empañó este año… Qué dimensión a la vista de todos habría tenido este 2019. Qué incontestable. Por eso fue tan justo que todo acabara luego como acabó. Tan sublime. Tan en Perera.

 
Plaza de Toros de LATACUNGA. Lleno. Se lidian toros de TRIANA
 
Enrique Ponce: vuelta y oreja
El Fandi: oreja y dos orejas y rabos simbólicos
Miguel Ángel Perera: vuelta y dos orejas y rabo simbólicos
 
 
 
 
20191206-latacunga010.jpg 20191206-latacunga011.jpg 20191206-latacunga012.jpg 20191206-latacunga013.jpg 20191206-latacunga014.jpg 20191206-latacunga015.jpg 20191206-latacunga016.jpg 20191206-latacunga017.jpg 20191206-latacunga018.jpg 20191206-latacunga019.jpg 20191206-latacunga020.jpg  
Fotos ANDREA GRIJALVA
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6 de diciembre de 2019
LATACUNGA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
TRIANA
Enrique Ponce
El Fandi
MIGUEL ÁNGEL PERERA
 
UNA TARDE SUBLIME
 

Llegar y quedarse para siempre. Latacunga le esperaba y él le correspondió ofreciendo su mejor dimensión como rúbrica de uno de sus mejores años. Porque hoy era la última corrida de toros de Miguel Ángel en 2019, una temporada plagada de obras importantes. Entre ellas se pueden contar las dos faenas de esta tarde de su regreso a Ecuador. Sublimes ambas. Rebosantes de tantas cosas, de lo mejor. De despaciosidad, de naturalidad, de regusto, de inspiración, de plenitud, de capacidad. La primera no mereció que la espada la empañara. La segunda concluyó en el cenit que es siempre el indulto de un toro. Osito de nombre. Con el número 470 y de la ganadería Triana. Un toro noble y con calidad que Perera sublimó desde el primer encuentro con el capote. El toro se empleaba con sinceridad y alegría y Miguel Ángel lo vio enseguida. Y como tantas veces, le hizo las cosas muy a su favor, lo que Osito agradeció. El temple fue siempre la condición sine quanon, lo innegociable. Muleteó el extremeño a su oponente con pulso extremo, en línea recta primero, sin bajarle demasiado la mano, afianzándolo. Y poco a poco, con el mismo tacto que hasta entonces, le fue exigiendo más, entendida esa exigencia en el ritmo casi congelado de cada pase, en su longitud, en el metraje de tandas que iban a más y a las que el ejemplar de Triana respondía sin levantar la cara de su entrega total. Porque el toro regresaba a los vuelos de la muleta buscándolos tan por abajo como se iba de ellos al final de cada encuentro. Conforme más avanzaba la obra, más despacio toreaba Perera. Y más natural. Y más abandonado. Y más pleno. Y más redondo. No tardó en prender la llama de la petición del indulto y, claro, que Miguel Ángel lo cuajara así no hizo más que echar gasolina al fuego de la pasión. El perdón llegó entre el clamor del público y la evidente satisfacción del torero, quien en muchos momentos toreó para sí mismo.

 

Dicho queda que su dimensión ante el primero de su par fue también extraordinaria. Ligada hasta el extremo. Compacta y fluida. Tuvo armonía y aroma. Tuvo prestancia y belleza. La importancia de lo diferente. De igual forma, lo fue macerando el extremeño desde el capote y lo terminó cuajando rotundo por los dos pitones. Lástima de la espada. Otra vez. Cuántos triunfos grandes empañó este año… Qué dimensión a la vista de todos habría tenido este 2019. Qué incontestable. Por eso fue tan justo que todo acabara luego como acabó. Tan sublime. Tan en Perera.

 
Plaza de Toros de LATACUNGA. Lleno. Se lidian toros de TRIANA
 
Enrique Ponce: vuelta y oreja
El Fandi: oreja y dos orejas y rabos simbólicos
Miguel Ángel Perera: vuelta y dos orejas y rabo simbólicos
 
 
 
 
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Fotos ANDREA GRIJALVA
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