20190914 nimes02
14 de septiembre de 2019
NIMES
Feria de la VENDIMIA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
GARCIGRANDE y DOMINGO HERNÁNDEZ
Sebastián Castella
José María Manzanares
MIGUEL ÁNGEL PERERA


 
CUMBRE E INDULTO EN NIMES
 

Miguel Ángel Perera está que se sale. En ese punto de sazón, de madurez, de poso y de inspiración que es consecuencia de tantas cosas. Desde luego, que del tiempo. Pero el tiempo sólo devuelve si se invierte en la búsqueda constante y que no se rinde nunca. Esa prospección personal de quien sabe que tiene mucho dentro. Más aún. A menudo dice Perera que, después de quince años de alternativa, es difícil que un torero aún sorprenda. Pero, en el fondo, él no se conforma con ello, no se excusa ni se escuda porque él sabe que sí tiene más poso que sacar. Y lo saca. Lo está sacando más allá de que los focos le señalen o no. Su camino siempre fue otro. Fundamentalmente, suyo. Y ahí sigue: no sólo en camino después de quince años de un paso tras otro, sino mejor que nunca. Se sale.

 

Y cuando uno está así, la providencia te mira a los ojos y te pone delante toros con los que expresarte en plenitud, con los que volcarte y derramarte, con los que explayarte y gozar. Ese toro fue hoy Cazadotes-36, de Garcigrande, un toro realmente bueno al que, como tantas veces ya este año, Miguel Ángel hizo mejor. Estuvo perfecto el torero. Lúcido y deslumbrante, manejando todos los tiempos de una obra creciente siempre, que tuvo el prólogo de un solemne quite ligando chicuelinas y tafalleras en los medios de la plaza, toreando sólo con las muñecas. Ya ahí calibró la calidad de su oponente, al que exigió con la muleta desde la serie inicial rodilla en tierra, la primera de varias de impoluta ejecución, de lentísimo trazo, de enorme dimensión, de ajuste impecable arropada por el silencio pétreo del Coliseo y el susurro de la música mientras que la noche caía. Ese silencio claudicaba en clamor a más tras cada muletazo y, sobre todo, cuando finalizaban los pases de pecho eternos o los remates con que Miguel Ángel firmaba cada serie. Al natural, todo creció aún más en profundidad porque el torero le sumó un plus al metraje de los pases tras los que se iba con tanto mando como naturalidad. Era belleza y armonía lo que desprendía la composición de Perera, con la plaza absorta y entregada a su exhibición. El rumor por el indulto se desató mientras que el extremeño toreaba por luquesinas, con el toro de Garcigrande yéndose lejos al final de cada muletazo tras el que se iba con el morro por los suelos. Así las cosas, siguió toreando Miguel Ángel a favor del astado, sabedor de que era cuestión de tiempo que su perdón cayera a tenor de cómo lo fue esculpiendo y le fue extrayendo su fondo extraordinario. Asomó el pañuelo naranja y se desató la euforia, la felicidad enorme que genera un torero que conduce a un toro a la eternidad.

 

Mucha calidad tuvo también su primero, aunque alguna vez amagó con irse. No le dejó Perera, que también lo fue construyendo y mejorando desde la seguridad de su momento personal y artístico, que lo ilumina todo. Hubo pasión y agarre en el duelo de quites con Castella y compuso el diestro de Puebla del Prior una faena de muleta enorme de temple y de hondura desde la primera de sus tandas. Hubo por momentos que pareció paralizarse el toreo de Miguel Ángel de tan despacio como toreó. Y logró pases de pecho que fueron completos circulares de cómo se enroscó al toro en su figura luego de engancharlo sin moverse un ápice y con el juego sólo de su muñeca. Coreó Nimes estos remates con el eco de lo que llega de verdad. Fruto de cómo está, paladeó el torero hasta los tiempos muertos entre series, que no tuvieron nada de muertos, sino de tiempos preñados de suma torería. De no haber necesitado del descabello tras media estocada, probablemente habría cortado ya entonces las dos orejas.

 

Y al término, se fue Miguel Ángel Perera del Coliseo a hombros por tercera vez en su carrera. Tercera Puerta de los Cónsules para el extremeño, que cada vez que la abrió fue a lo grande. A lo muy grande. Como hoy. Como el momento en que vive y sobre el que vuela. Porque Perera está que se sale.

Coliseo de NIMES. Lleno. Se lidian toros de GARCIGRANDE y DOMINGO HERNÁNDEZ. Miguel Ángel Perera indulta al sexto toro, de nombre Cazadotes-36.
 
Sebastián Castella: oreja y dos orejas
José María Manzanares: oreja y silencio
Miguel Ángel Perera: oreja y dos orejas simbólicas
20190914 nimes02
14 de septiembre de 2019
NIMES
Feria de la VENDIMIA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
GARCIGRANDE y DOMINGO HERNÁNDEZ
Sebastián Castella
José María Manzanares
MIGUEL ÁNGEL PERERA


 
CUMBRE E INDULTO EN NIMES
 

Miguel Ángel Perera está que se sale. En ese punto de sazón, de madurez, de poso y de inspiración que es consecuencia de tantas cosas. Desde luego, que del tiempo. Pero el tiempo sólo devuelve si se invierte en la búsqueda constante y que no se rinde nunca. Esa prospección personal de quien sabe que tiene mucho dentro. Más aún. A menudo dice Perera que, después de quince años de alternativa, es difícil que un torero aún sorprenda. Pero, en el fondo, él no se conforma con ello, no se excusa ni se escuda porque él sabe que sí tiene más poso que sacar. Y lo saca. Lo está sacando más allá de que los focos le señalen o no. Su camino siempre fue otro. Fundamentalmente, suyo. Y ahí sigue: no sólo en camino después de quince años de un paso tras otro, sino mejor que nunca. Se sale.

 

Y cuando uno está así, la providencia te mira a los ojos y te pone delante toros con los que expresarte en plenitud, con los que volcarte y derramarte, con los que explayarte y gozar. Ese toro fue hoy Cazadotes-36, de Garcigrande, un toro realmente bueno al que, como tantas veces ya este año, Miguel Ángel hizo mejor. Estuvo perfecto el torero. Lúcido y deslumbrante, manejando todos los tiempos de una obra creciente siempre, que tuvo el prólogo de un solemne quite ligando chicuelinas y tafalleras en los medios de la plaza, toreando sólo con las muñecas. Ya ahí calibró la calidad de su oponente, al que exigió con la muleta desde la serie inicial rodilla en tierra, la primera de varias de impoluta ejecución, de lentísimo trazo, de enorme dimensión, de ajuste impecable arropada por el silencio pétreo del Coliseo y el susurro de la música mientras que la noche caía. Ese silencio claudicaba en clamor a más tras cada muletazo y, sobre todo, cuando finalizaban los pases de pecho eternos o los remates con que Miguel Ángel firmaba cada serie. Al natural, todo creció aún más en profundidad porque el torero le sumó un plus al metraje de los pases tras los que se iba con tanto mando como naturalidad. Era belleza y armonía lo que desprendía la composición de Perera, con la plaza absorta y entregada a su exhibición. El rumor por el indulto se desató mientras que el extremeño toreaba por luquesinas, con el toro de Garcigrande yéndose lejos al final de cada muletazo tras el que se iba con el morro por los suelos. Así las cosas, siguió toreando Miguel Ángel a favor del astado, sabedor de que era cuestión de tiempo que su perdón cayera a tenor de cómo lo fue esculpiendo y le fue extrayendo su fondo extraordinario. Asomó el pañuelo naranja y se desató la euforia, la felicidad enorme que genera un torero que conduce a un toro a la eternidad.

 

Mucha calidad tuvo también su primero, aunque alguna vez amagó con irse. No le dejó Perera, que también lo fue construyendo y mejorando desde la seguridad de su momento personal y artístico, que lo ilumina todo. Hubo pasión y agarre en el duelo de quites con Castella y compuso el diestro de Puebla del Prior una faena de muleta enorme de temple y de hondura desde la primera de sus tandas. Hubo por momentos que pareció paralizarse el toreo de Miguel Ángel de tan despacio como toreó. Y logró pases de pecho que fueron completos circulares de cómo se enroscó al toro en su figura luego de engancharlo sin moverse un ápice y con el juego sólo de su muñeca. Coreó Nimes estos remates con el eco de lo que llega de verdad. Fruto de cómo está, paladeó el torero hasta los tiempos muertos entre series, que no tuvieron nada de muertos, sino de tiempos preñados de suma torería. De no haber necesitado del descabello tras media estocada, probablemente habría cortado ya entonces las dos orejas.

 

Y al término, se fue Miguel Ángel Perera del Coliseo a hombros por tercera vez en su carrera. Tercera Puerta de los Cónsules para el extremeño, que cada vez que la abrió fue a lo grande. A lo muy grande. Como hoy. Como el momento en que vive y sobre el que vuela. Porque Perera está que se sale.

Coliseo de NIMES. Lleno. Se lidian toros de GARCIGRANDE y DOMINGO HERNÁNDEZ. Miguel Ángel Perera indulta al sexto toro, de nombre Cazadotes-36.
 
Sebastián Castella: oreja y dos orejas
José María Manzanares: oreja y silencio
Miguel Ángel Perera: oreja y dos orejas simbólicas
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