20190907 barcarrota02
7 de septiembre de 2019
BARCARROTA
Feria de la VIRGEN DEL SOTERRAÑO
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
JOSÉ LUIS INIESTA
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Pablo Aguado
Juanito
  
PERERA INDULTA A ZORRERO-III
 

Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se llena. De esencia. De lo queda y no se olvida. Lleva Miguel Ángel Perera yendo toda la temporada a la fuente de donde se nutre el alma para seguir siendo mejor cada día. A cántaros de faenas plenas y macizas, de obras redondas que hablan de lo mejor de su autor. Del mejor Perera. Hoy se llenó el cántaro porque se encontró Perera con Zorrero-III, un toro castaño de José Luis Iniesta que fue una máquina de embestir. Que no levantó la cara del suelo ni para tomar aire. Que se desplazaba con el brillo prendido en la mirada de quien lo da todo. Que se enroscaba a la figura del torero sin solución de continuidad, en una espiral infinita y luminosa. Que acudía solícito a la primera llamada de la muleta para ya no ver más que ella. Para quien no existía el fin. Encendido. Ardiente. Incansable. Derramando su clase a chorros. Así las cosas, Miguel Ángel tenía en su manos la materia prima perfecta para cincelar lo más suyo de su concepto, esa forma de torear que se sabe dónde empieza, pero no si termina alguna vez. Desde el recibo, clavadas las zapatillas, inmóvil todo salvo los brazos que encauzaban con el mando de lo prodigioso el caudal de bravura del animal. Sin pausa. Sin freno. Como luego cada tanda, tan en redondo como nunca, pero como siempre en él. Porque había un cite y ya ninguno más. Ni siquiera un toque, por sutil que fuera. No era preciso. Bastaba dejar la muleta puesta como quien pone el corazón en lo que más quiere y templar, que es mandar sobre el tiempo. Las series eran eternas, clamorosas. El público se asombraba más en cada muletazo por cómo le había cogido Miguel Ángel el pulso a aquel huracán de embestidas. Ni una sola vez le tocó la muleta… Le costó más a Zorrero-III por el lado izquierdo, tardó un pelín más en ir, pero fue. Tal intensidad tuvo el trasteo de Perera que no tardó en encenderse la petición de indulto, que fue a más hasta que apareció el pañuelo naranja que es el símbolo de la mayor victoria posible en el toreo. La cara feliz del torero hablaba sola. Y la del ganadero en el callejón. Y la de cada espectador, puesto en pie, aclamando al héroe mientras devolvía a Zorrero-III a la gloria.

 

Tuvo esta obra magistral el preámbulo de otra faena de cuidada medida, de pulso también ante un toro que tuvo la virtud de humillar, pero las fuerzas demasiado en reserva. Ovación para el torero, apenas unos momentos antes de que volviera a suceder eso tan suyo que es elevar el toreo a su máxima expresión.

Plaza de Toros de BARCARROTA. Dos tercios de plaza. Se lidian toros de JOSÉ LUIS INIESTA. Perera indulta al cuarto, llamado Zorrero-III.
 
Miguel Ángel Perera: ovación y dos orejas y rabo simbólicos
Pablo Aguado: oreja y ovación
Juanito: oreja y oreja
20190907 barcarrota02
7 de septiembre de 2019
BARCARROTA
Feria de la VIRGEN DEL SOTERRAÑO
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
JOSÉ LUIS INIESTA
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Pablo Aguado
Juanito
  
PERERA INDULTA A ZORRERO-III
 

Tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se llena. De esencia. De lo queda y no se olvida. Lleva Miguel Ángel Perera yendo toda la temporada a la fuente de donde se nutre el alma para seguir siendo mejor cada día. A cántaros de faenas plenas y macizas, de obras redondas que hablan de lo mejor de su autor. Del mejor Perera. Hoy se llenó el cántaro porque se encontró Perera con Zorrero-III, un toro castaño de José Luis Iniesta que fue una máquina de embestir. Que no levantó la cara del suelo ni para tomar aire. Que se desplazaba con el brillo prendido en la mirada de quien lo da todo. Que se enroscaba a la figura del torero sin solución de continuidad, en una espiral infinita y luminosa. Que acudía solícito a la primera llamada de la muleta para ya no ver más que ella. Para quien no existía el fin. Encendido. Ardiente. Incansable. Derramando su clase a chorros. Así las cosas, Miguel Ángel tenía en su manos la materia prima perfecta para cincelar lo más suyo de su concepto, esa forma de torear que se sabe dónde empieza, pero no si termina alguna vez. Desde el recibo, clavadas las zapatillas, inmóvil todo salvo los brazos que encauzaban con el mando de lo prodigioso el caudal de bravura del animal. Sin pausa. Sin freno. Como luego cada tanda, tan en redondo como nunca, pero como siempre en él. Porque había un cite y ya ninguno más. Ni siquiera un toque, por sutil que fuera. No era preciso. Bastaba dejar la muleta puesta como quien pone el corazón en lo que más quiere y templar, que es mandar sobre el tiempo. Las series eran eternas, clamorosas. El público se asombraba más en cada muletazo por cómo le había cogido Miguel Ángel el pulso a aquel huracán de embestidas. Ni una sola vez le tocó la muleta… Le costó más a Zorrero-III por el lado izquierdo, tardó un pelín más en ir, pero fue. Tal intensidad tuvo el trasteo de Perera que no tardó en encenderse la petición de indulto, que fue a más hasta que apareció el pañuelo naranja que es el símbolo de la mayor victoria posible en el toreo. La cara feliz del torero hablaba sola. Y la del ganadero en el callejón. Y la de cada espectador, puesto en pie, aclamando al héroe mientras devolvía a Zorrero-III a la gloria.

 

Tuvo esta obra magistral el preámbulo de otra faena de cuidada medida, de pulso también ante un toro que tuvo la virtud de humillar, pero las fuerzas demasiado en reserva. Ovación para el torero, apenas unos momentos antes de que volviera a suceder eso tan suyo que es elevar el toreo a su máxima expresión.

Plaza de Toros de BARCARROTA. Dos tercios de plaza. Se lidian toros de JOSÉ LUIS INIESTA. Perera indulta al cuarto, llamado Zorrero-III.
 
Miguel Ángel Perera: ovación y dos orejas y rabo simbólicos
Pablo Aguado: oreja y ovación
Juanito: oreja y oreja
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