20190826 cuenca02
26 de agosto de 2019
CUENCA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
ROMÁN SORANDO
Enrique Ponce
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Ginés Marín

  
EL TEMPLE COMO RAZÓN DE SER
 

Rozó con sus manos Miguel Ángel Perera la Puerta Grande de Cuenca, sobre todo, tras cuajar al primero de sus dos toros de Román Sorando, con el que estuvo soberbio. Le pidió con fuerza el público la segunda oreja, pero el palco no la concedió. Del quinto pudo obtener premio, pero, en este caso, se lo robó el fallo reiterado a espadas, que le priva otra vez de otro triunfo más que merecido y, como queda dicho, prácticamente en su poder.

 

Fue mayúscula la faena a su primer toro porque no se puede sacar más partido de un toro que anduvo tan justo de todo. Pero en una exhibición de sentido del temple, Miguel Ángel fue puliendo y multiplicando la clase que en su fondo tenía el ejemplar de Román Sorando. Le aplicó una dulzura exquisita y la medida exacta ya en las alturas, ya en el ritmo con que lo condujo en tandas que fueron mejores conforme se sucedían. La cima fue al natural, por donde el toreo de Perera alcanzó las cotas más altas. Encajado el torero, prendido el estaquillador apenas con el tacto de los dedos y volando la franela con una tersura que desprendía armonía y caricia. Se lo enroscó en circulares en el tramo final de la faena y cobró una estocada entera al primer intento, que le valió para cortar la oreja y que el público le pidiera la segunda con mucha fuerza.

 

Toda posibilidad de premio perdió al marrar en varias ocasiones con la espada ante el quinto, un toro que tuvo muy poco dentro, que fue justo lo que le extrajo. Se gustaron y se desmonteraron en banderillas Javier Ambel y Jesús Arruga, preámbulo del inicio por estatuarios de Miguel Ángel, quien, una vez más, tiró de temple sin renunciar a la profundidad que va adherida a su concepto por más que al toro le costaba rematar sus finales. Ejercicio de capacidad y oficio del extremeño, que se enmarronó con los aceros.

 
Plaza de Toros de CUENCA. Tres cuartos de entrada. Se lidian toros de ROMÁN SORANDO
 
Enrique Ponce: ovación y ovación
Miguel Ángel Perera: oreja y ovación
Ginés Marín: dos orejas y ovación
 
 
MIGU7591.JPG MIGU7597.JPG MIGU7605.JPG MIGU7613.JPG MIGU7619.JPG MIGU7634.JPG MIGU7654.JPG MIGU7656.JPG MIGU7661.JPG MIGU7662.JPG MIGU7669.JPG MIGU7670.JPG MIGU7691.JPG MIGU7694.JPG MIGU7708.JPG MIGU7709.JPG MIGU7715.JPG MIGU7793.JPG MIGU7802.JPG MIGU7812.JPG MIGU7825.JPG
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26 de agosto de 2019
CUENCA
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
ROMÁN SORANDO
Enrique Ponce
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Ginés Marín

  
EL TEMPLE COMO RAZÓN DE SER
 

Rozó con sus manos Miguel Ángel Perera la Puerta Grande de Cuenca, sobre todo, tras cuajar al primero de sus dos toros de Román Sorando, con el que estuvo soberbio. Le pidió con fuerza el público la segunda oreja, pero el palco no la concedió. Del quinto pudo obtener premio, pero, en este caso, se lo robó el fallo reiterado a espadas, que le priva otra vez de otro triunfo más que merecido y, como queda dicho, prácticamente en su poder.

 

Fue mayúscula la faena a su primer toro porque no se puede sacar más partido de un toro que anduvo tan justo de todo. Pero en una exhibición de sentido del temple, Miguel Ángel fue puliendo y multiplicando la clase que en su fondo tenía el ejemplar de Román Sorando. Le aplicó una dulzura exquisita y la medida exacta ya en las alturas, ya en el ritmo con que lo condujo en tandas que fueron mejores conforme se sucedían. La cima fue al natural, por donde el toreo de Perera alcanzó las cotas más altas. Encajado el torero, prendido el estaquillador apenas con el tacto de los dedos y volando la franela con una tersura que desprendía armonía y caricia. Se lo enroscó en circulares en el tramo final de la faena y cobró una estocada entera al primer intento, que le valió para cortar la oreja y que el público le pidiera la segunda con mucha fuerza.

 

Toda posibilidad de premio perdió al marrar en varias ocasiones con la espada ante el quinto, un toro que tuvo muy poco dentro, que fue justo lo que le extrajo. Se gustaron y se desmonteraron en banderillas Javier Ambel y Jesús Arruga, preámbulo del inicio por estatuarios de Miguel Ángel, quien, una vez más, tiró de temple sin renunciar a la profundidad que va adherida a su concepto por más que al toro le costaba rematar sus finales. Ejercicio de capacidad y oficio del extremeño, que se enmarronó con los aceros.

 
Plaza de Toros de CUENCA. Tres cuartos de entrada. Se lidian toros de ROMÁN SORANDO
 
Enrique Ponce: ovación y ovación
Miguel Ángel Perera: oreja y ovación
Ginés Marín: dos orejas y ovación
 
 
MIGU7591.JPG MIGU7597.JPG MIGU7605.JPG MIGU7613.JPG MIGU7619.JPG MIGU7634.JPG MIGU7654.JPG MIGU7656.JPG MIGU7661.JPG MIGU7662.JPG MIGU7669.JPG MIGU7670.JPG MIGU7691.JPG MIGU7694.JPG MIGU7708.JPG MIGU7709.JPG MIGU7715.JPG MIGU7793.JPG MIGU7802.JPG MIGU7812.JPG MIGU7825.JPG
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