2017091 albacete02
14 de septiembre de 2017
ALBACETE
Feria de la VIRGEN DE LOS LLANOS
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
SANTIAGO DOMECQ
Antonio Ferrera
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Ginés Marín
  
COMO UN HOMENAJE A DÁMASO...
 
Se fue y se llevó con él el título que nadie le discute, el del dueño del temple. Dámaso González fue (y será siempre) el dueño del temple. Ese temple innato, que nace con uno y dentro de uno, que late, que sale, que emerge, que brota desde el alma hasta la piel. Ese temple que es compás y látigo según el momento, pero que, en todo momento, obra el milagro del toreo. Ese temple que es un don. Una virtud. Un bien preciado. No cabe duda: Dámaso González fue (y será siempre) el dueño del temple. De ese temple. El mismo temple que hoy -otra vez- emergió derramándose a chorros de las muñecas de Perera. Esa capacidad para recoger la embestida por completo, tan por delante, y detenerla a su paso hasta conferirle un paso nuevo, más lento, por más que el toro, en su bravura encendida, quisiera comerse sus vuelos, ansioso, como herido en su orgullo, entregado hasta el límite. Ese privilegio de ser capaz de elevar a la enésima potencia la duración de esa embestida, tan milímetro a milímetro, suave pero rotunda al tiempo, tersa pero poderosa a la vez, dulce pero implacable sin condición... Todo ello en grado sumo desprendiéndose de la magistral faena de Miguel Ángel a Merecido, que debió ser quinto, pero que fue segundo para marcar la tarde ya sin remisión y, también, una de las cotas más altas de una temporada en las nubes, en la excelencia. Una obra hermosa y unánime, sin paliativos, concebida con la misma torería y sentido de la estética desde el primer lance a la verónica hasta la cruz que marca la suerte de la estocada. Cada muletazo... Tan largos los redondos, tan naturales los naturales. Tan sólido todo. Tan hondo. De cuánto eco. El toreo fundamental convertido en imprescindible con el epílogo de esa docena de pases ligados como una cadena por uno y otro pitón sin enmendar ni la caída del flequillo. Ni mucho menos, el rictus de la cara. Todo tan natural y tan de verdad. Tan unánime, tan incontestable como la estocada final, como las dos orejas, como la huella dejada por Miguel Ángel Perera en uno de los momentos más importantes de su vida. La faena de Albacete, así se le recordará. Como un homenaje a Dámaso, el dueño del temple, en nombre de su heredero.
 
 
Luego fue el quinto que no estaba previsto (salió como sobrero) y que nunca debió salir. Porque no mereció estar en una tarde así. Tan bella. Tan especial. Pero salió y hubo que apechugar con él. Y lo hizo Miguel Ángel Perera en otro tipo de exhibiición: de seguridad, de valor al desnudo aun sin mostrar poco más de lo preciso, de confianza, de solidez, de mando, de cuajo, de madurez. Como hubiera hecho el Maestro Dámaso, que para eso era hoy la tarde de su heredero en un claro homenaje a su recuerdo, a su obra y a su legado.
 
 
Plaza de Toros de ALBACETE. Más de tres cuartos de entrada. Se lidian toros de SANTIAGO DOMECQ. El segundo, de nombre Merecido, premiado con la vuelta al ruedo.
 
Antonio Ferrera: silencio y ovación tras ser cogido
Miguel Ángel Perera:  dos orejas y ovación 
Ginés Marín: oreja y oreja
 
 
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14 de septiembre de 2017
ALBACETE
Feria de la VIRGEN DE LOS LLANOS
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
SANTIAGO DOMECQ
Antonio Ferrera
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Ginés Marín
  
COMO UN HOMENAJE A DÁMASO...
 
Se fue y se llevó con él el título que nadie le discute, el del dueño del temple. Dámaso González fue (y será siempre) el dueño del temple. Ese temple innato, que nace con uno y dentro de uno, que late, que sale, que emerge, que brota desde el alma hasta la piel. Ese temple que es compás y látigo según el momento, pero que, en todo momento, obra el milagro del toreo. Ese temple que es un don. Una virtud. Un bien preciado. No cabe duda: Dámaso González fue (y será siempre) el dueño del temple. De ese temple. El mismo temple que hoy -otra vez- emergió derramándose a chorros de las muñecas de Perera. Esa capacidad para recoger la embestida por completo, tan por delante, y detenerla a su paso hasta conferirle un paso nuevo, más lento, por más que el toro, en su bravura encendida, quisiera comerse sus vuelos, ansioso, como herido en su orgullo, entregado hasta el límite. Ese privilegio de ser capaz de elevar a la enésima potencia la duración de esa embestida, tan milímetro a milímetro, suave pero rotunda al tiempo, tersa pero poderosa a la vez, dulce pero implacable sin condición... Todo ello en grado sumo desprendiéndose de la magistral faena de Miguel Ángel a Merecido, que debió ser quinto, pero que fue segundo para marcar la tarde ya sin remisión y, también, una de las cotas más altas de una temporada en las nubes, en la excelencia. Una obra hermosa y unánime, sin paliativos, concebida con la misma torería y sentido de la estética desde el primer lance a la verónica hasta la cruz que marca la suerte de la estocada. Cada muletazo... Tan largos los redondos, tan naturales los naturales. Tan sólido todo. Tan hondo. De cuánto eco. El toreo fundamental convertido en imprescindible con el epílogo de esa docena de pases ligados como una cadena por uno y otro pitón sin enmendar ni la caída del flequillo. Ni mucho menos, el rictus de la cara. Todo tan natural y tan de verdad. Tan unánime, tan incontestable como la estocada final, como las dos orejas, como la huella dejada por Miguel Ángel Perera en uno de los momentos más importantes de su vida. La faena de Albacete, así se le recordará. Como un homenaje a Dámaso, el dueño del temple, en nombre de su heredero.
 
 
Luego fue el quinto que no estaba previsto (salió como sobrero) y que nunca debió salir. Porque no mereció estar en una tarde así. Tan bella. Tan especial. Pero salió y hubo que apechugar con él. Y lo hizo Miguel Ángel Perera en otro tipo de exhibiición: de seguridad, de valor al desnudo aun sin mostrar poco más de lo preciso, de confianza, de solidez, de mando, de cuajo, de madurez. Como hubiera hecho el Maestro Dámaso, que para eso era hoy la tarde de su heredero en un claro homenaje a su recuerdo, a su obra y a su legado.
 
 
Plaza de Toros de ALBACETE. Más de tres cuartos de entrada. Se lidian toros de SANTIAGO DOMECQ. El segundo, de nombre Merecido, premiado con la vuelta al ruedo.
 
Antonio Ferrera: silencio y ovación tras ser cogido
Miguel Ángel Perera:  dos orejas y ovación 
Ginés Marín: oreja y oreja
 
 
MIGU6079.JPG MIGU6080.JPG MIGU6104.JPG MIGU6121.JPG MIGU6125.JPG MIGU6133.JPG MIGU6149.JPG MIGU6153.JPG MIGU6162.JPG MIGU6184.JPG MIGU6194.JPG MIGU6196.JPG MIGU6200.JPG MIGU6208.JPG MIGU6209.JPG MIGU6215.JPG MIGU6235.JPG MIGU6244.JPG MIGU6267.JPG MIGU6294.JPG MIGU6295.JPG MIGU6320.JPG MIGU6326.JPG MIGU6339.JPG MIGU6341.JPG MIGU6347.JPG MIGU6349.JPG MIGU6353.JPG MIGU6358.JPG MIGU6379.JPG MIGU6424.JPG MIGU6429.JPG MIGU6431.JPG MIGU6441.JPG MIGU6448.JPG MIGU6456.JPG MIGU6464.JPG MIGU6626.JPG MIGU6628.JPG
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