20170826 sanse02
26 de agosto de 2017
SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES
Feria del CRISTO DE LOS REMEDIOS
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
NÚÑEZ DEL CUVILLO
Ortega Cano
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Alejandro Talavante
  
COMO A DÁMASO LE HUBIERA GUSTADO...
 
Hoy Dámaso González estuvo en San Sebastián de los Reyes. Por todos lados. Su recuerdo, su memoria, su ejemplo, el respeto del que gozaba entre los profesionales, la admiración sincera, el cariño de los aficionados. Hoy por todos lados se le sentía, era evidente. En los gestos y símbolos de luto, pero también en el empeño de los tres toreros de estar al mejor nivel para rendirle así, en torero, el mayor homenaje posible. En un día ya de por sí entrañable porque era el del adiós de otro maestro, José Ortega Cano.
 
 
Y no aguardó demasiado Miguel Ángel Perera -más bien nada- para hacerle ese tributo al maestro Dámaso, tan importante en su carrera y tan cercano en su vida. Era devoción lo que el diestro extremeño sentía por el torero de Albacete. Un espejo, un referente. No sólo con el capote y la muleta en la mano, sino como ejemplo vivo de toda la dignidad que supone ser torero. Y se arrebujó Miguel Ángel en el recibo a la verónica a su buen primero de Cuvillo. Se dejó ir tras cada una de ellas para salirse a los medios. Las manos viajando bajas y naturales a la par que el cuerpo se le caía a plomo sobre la cintura, con cadencia y a compás. Ese manojo de caricias de bienvenida se convirtieron más adelante, ya en el quite, en un puñado de mariposas de colores sobrevolando a su alrededor en forma de chicuelinas, cordobinas, gaoneas y brionesas. Estaba a gusto Perera, como conversando íntimamente con el maestro Dámaso, como inquiriéndole. Desde luego, homenajeándole. De ahí el brindis. La quietud fue el punto de partida en el comienzo de la faena de muleta. Pases cambiados por la espalda dejándose llegar el toro desde lejos para luego fundirse con él y dejarse llevar en un ramillete de mayúsculas tandas de derechazos. Sólo se movía el brazo mandón de Miguel Ángel para conducir y engrandecer las embestidas del buen toro de Cuvillo. Giraba sobre los talones lo preciso para colocarse otra vez y seguir toreando, sin parar, en espiral. Como un torbellino, pero sin la violencia del torbellino. Envolviéndolo todo, absorbiéndolo a su paso, dominándolo. Iba a más en largura y profundidad el toreo del extremeño, roto en su entrega interior, ensimismado, toreando para él... o para Dámaso, tal vez. Y luego, al natural. Soberbio, cumbre. Toreando con todo el cuerpo, que se iba detrás de cada pase en una sinfonía perfecta de belleza. En esa cima del dominar el escenario por completo, se dejó tocar las taleguillas por los pitones del cuvillo entre muletazo y muletazo de los que aún enjaretó cuando moverse, sólo se movían sus muñecas. La estocada fue colosal, perfecta, y de ahí las dos orejas.
 
 
Una obtuvo luego del quinto, un toro con calidad también cuando humillaba, pero con cierta tendencia a querer irse. Ni una vez le dejó Perera, que lo abrió a los medios, le plantó la pañosa ante sus ojos y lo hipnotizó con el misterio del temple que todo lo puede. Fue la imposición por la vía de la firmeza y de la tremenda seguridad que Miguel Ángel tiene en lo que hace en cada momento. Ni un resquicio dejó al recuerdo del toro de que él lo que quería era irse. Poderoso el mando del torero para poder tanto en una exhibición de muchas de sus virtudes. Pinchó antes de la estocaa definitiva. Daba igual. Lo importante hoy era devolver toreando tanto como Miguel Ángel bebió de la fuente sabia y clara de Dámaso González. Del torero y del hombre. Pura purerza, auténtica verdad. Como la actuación hoy de Perera. Como a Dámaso le hubiera gustado... 
 
 
Plaza de Toros de SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES. Media plaza. Se lidian toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO
 
Ortega Cano: oreja y oreja
Miguel Ángel Perera: dos orejas y oreja  
Alejandro Talavante: dos orejas y oreja
 
Los toreros renuncian a la puerta grande y se marchan a pie como gesto de luto por Dámaso González
 
 
MIGU1794.JPG MIGU1812.JPG MIGU1815.JPG MIGU1828.JPG MIGU1846.JPG MIGU1854.JPG MIGU1921.JPG MIGU1928.JPG MIGU1935.JPG MIGU1945.JPG MIGU1956.JPG MIGU1990.JPG MIGU2001.JPG MIGU2008.JPG MIGU2020.JPG MIGU2046.JPG MIGU2063.JPG MIGU2074.JPG MIGU2075.JPG MIGU2076.JPG MIGU2085.JPG MIGU2093.JPG MIGU2104.JPG MIGU2119.JPG MIGU2126.JPG MIGU2145.JPG MIGU2183.JPG MIGU2205.JPG MIGU2206.JPG MIGU2222.JPG MIGU2248.JPG MIGU2253.JPG MIGU2269.JPG MIGU2304.JPG
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26 de agosto de 2017
SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES
Feria del CRISTO DE LOS REMEDIOS
 
CORRIDA DE TOROS 6 TOROS de
NÚÑEZ DEL CUVILLO
Ortega Cano
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Alejandro Talavante
  
COMO A DÁMASO LE HUBIERA GUSTADO...
 
Hoy Dámaso González estuvo en San Sebastián de los Reyes. Por todos lados. Su recuerdo, su memoria, su ejemplo, el respeto del que gozaba entre los profesionales, la admiración sincera, el cariño de los aficionados. Hoy por todos lados se le sentía, era evidente. En los gestos y símbolos de luto, pero también en el empeño de los tres toreros de estar al mejor nivel para rendirle así, en torero, el mayor homenaje posible. En un día ya de por sí entrañable porque era el del adiós de otro maestro, José Ortega Cano.
 
 
Y no aguardó demasiado Miguel Ángel Perera -más bien nada- para hacerle ese tributo al maestro Dámaso, tan importante en su carrera y tan cercano en su vida. Era devoción lo que el diestro extremeño sentía por el torero de Albacete. Un espejo, un referente. No sólo con el capote y la muleta en la mano, sino como ejemplo vivo de toda la dignidad que supone ser torero. Y se arrebujó Miguel Ángel en el recibo a la verónica a su buen primero de Cuvillo. Se dejó ir tras cada una de ellas para salirse a los medios. Las manos viajando bajas y naturales a la par que el cuerpo se le caía a plomo sobre la cintura, con cadencia y a compás. Ese manojo de caricias de bienvenida se convirtieron más adelante, ya en el quite, en un puñado de mariposas de colores sobrevolando a su alrededor en forma de chicuelinas, cordobinas, gaoneas y brionesas. Estaba a gusto Perera, como conversando íntimamente con el maestro Dámaso, como inquiriéndole. Desde luego, homenajeándole. De ahí el brindis. La quietud fue el punto de partida en el comienzo de la faena de muleta. Pases cambiados por la espalda dejándose llegar el toro desde lejos para luego fundirse con él y dejarse llevar en un ramillete de mayúsculas tandas de derechazos. Sólo se movía el brazo mandón de Miguel Ángel para conducir y engrandecer las embestidas del buen toro de Cuvillo. Giraba sobre los talones lo preciso para colocarse otra vez y seguir toreando, sin parar, en espiral. Como un torbellino, pero sin la violencia del torbellino. Envolviéndolo todo, absorbiéndolo a su paso, dominándolo. Iba a más en largura y profundidad el toreo del extremeño, roto en su entrega interior, ensimismado, toreando para él... o para Dámaso, tal vez. Y luego, al natural. Soberbio, cumbre. Toreando con todo el cuerpo, que se iba detrás de cada pase en una sinfonía perfecta de belleza. En esa cima del dominar el escenario por completo, se dejó tocar las taleguillas por los pitones del cuvillo entre muletazo y muletazo de los que aún enjaretó cuando moverse, sólo se movían sus muñecas. La estocada fue colosal, perfecta, y de ahí las dos orejas.
 
 
Una obtuvo luego del quinto, un toro con calidad también cuando humillaba, pero con cierta tendencia a querer irse. Ni una vez le dejó Perera, que lo abrió a los medios, le plantó la pañosa ante sus ojos y lo hipnotizó con el misterio del temple que todo lo puede. Fue la imposición por la vía de la firmeza y de la tremenda seguridad que Miguel Ángel tiene en lo que hace en cada momento. Ni un resquicio dejó al recuerdo del toro de que él lo que quería era irse. Poderoso el mando del torero para poder tanto en una exhibición de muchas de sus virtudes. Pinchó antes de la estocaa definitiva. Daba igual. Lo importante hoy era devolver toreando tanto como Miguel Ángel bebió de la fuente sabia y clara de Dámaso González. Del torero y del hombre. Pura purerza, auténtica verdad. Como la actuación hoy de Perera. Como a Dámaso le hubiera gustado... 
 
 
Plaza de Toros de SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES. Media plaza. Se lidian toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO
 
Ortega Cano: oreja y oreja
Miguel Ángel Perera: dos orejas y oreja  
Alejandro Talavante: dos orejas y oreja
 
Los toreros renuncian a la puerta grande y se marchan a pie como gesto de luto por Dámaso González
 
 
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